jueves, 3 de mayo de 2012

Madrugada

Me levante con el cuerpo pesado, el alma fría, las manos débiles, con el corazón manchado de alguna sensación que desconozco, con el miedo asesinado de silencio esparcido por el suelo. Me levante después de rondar por las ruinas filosóficas del pensamiento, después de haber atravesado el valle de la desesperación, después de haber comido del Edén de las culpas, me levante después de una ardua reflexión soñolienta. Me levanté con ese vacío que sienten todos a veces, esa sensación de inestabilidad, con ese frío constante. Entendí así que no todo es para siempre, que no puedo tener siempre el control de lo que pasa, que el tiempo no se va a detener para esperarme, que todo es efímero, circular y equivalente, que el mundo es una sola encrucijada y la vida un trecho de experiencias.

Piensa un demonio.

La misteriosa obsesión por encontrar algo que quizás no exista, nace del deseo de ser alguien, de prosperar, o agregarle a tu vida ese toque interesante de extravagancia. Es increíble como toman a la ligera cosas tan serias como lo es el universo, y el fin de la vida, por que sé que hay un infierno eso puedo asegurarlo, pero de que hay un cielo no lo sé, no he oído rumores de alguien que lo haya visitado, por lo tanto no hay pruebas para mí de haya un cielo. No subestimen al universo, por que él hace que las cosas se formen a su manera, puede mostrarnos un día el sabor de un triunfo y la satisfacción de haber aprendido de un fracaso, de un error. El universo si merece llamarse dios. Quizás apostar a un dios que no se manifieste o se muestre poco no sea lo mejor, aunque ustedes pueden jugarse a lo que quieran. No es mi problema. Yo por mi parte desde mi postura como demonio y guardián del infierno opino, que la obsesión de los humanos por ser importantes es enfermiza, casi como depender de un dios. Es decir, muchos llegan al punto crítico de vender su alma a mi superior por algo que, después descubren, no valía la pena. Yo no sé que es dios, nunca lo vi. ni me interesaría conocerlo, yo se de tinieblas y castigos, de fantasmas y eternidad.
 Desde aquí se ve el mundo, y he visto como la obsesión toma forma propia y devora las mentes de aquellos que se dejan devorar, atrayendo la locura y la desquicia.
 La obsesión debería ser un pecado capital, por que es tan letal como cualquiera de ellos. Algunos se meten en los templos de sus dioses, a rogar por salvación, a pedir perdón a implorar la eternidad. Murmuran rezos que se escuchan hasta donde estoy, y me da mucha gracia, me río por que mucha de esa gente que se esconde en los templos vendiendo una imagen santa y tan segura de su viaje al paraíso, termina aquí haciéndome compañía, ardiendo en las llamas de un infierno solemne y tan oscuro como lo fueron sus almas y obsesiones.