lunes, 10 de septiembre de 2012

Se escucho una risa estruendosa por todo el bar, era una madrugada casi primaveral , los presentes la oyeron pero no dieron la menor importancia ya que dado el horario y el lugar era algo completamente normal. Los dueños al ver de quien se trataba se miraron y sonrieron.
Allá en un rincón estaban ellos con la mesa llena de botellas y vasos, hablaban muy de cerca y se miraban a los ojos. El ahogaba la risa con las manos, ella bebía.
Ella lo observó detenidamente unos instantes, él le hablaba pero por alguna razón le había llamado la atención su rostro, su piel, su boca, se abstuvo de tocarlo y trato vagamente de recuperar el hilo de la conversación, se le hacía difícil. Él descubrió en ella un particular comportamiento ante el nerviosismo y rieron juntos, la noche pasó entre risas y miradas intensas en alguna que otra tentación y algún que otro trago. Él demostró ser un gran observador, por lo que ella trataba de dominar sus impulsos para no delatarse y fumó más de un cigarrillo para anestesiar las tensiones. Jamás borro la sonrisa de su rostro.
El sol saldría en cualquier momento así que salieron, caminaron largo rato y llegaron a determinado punto nadie se atrevió a nada, solo se miraron fugazmente en unos milésimos instantes de silencio, él rió por el incontenible gesto de su acompañante ante la situación. Se despidieron lentamente.
 Abandonaron la esquina con rumbos diferentes, ya se encontrarían de nuevo.