Citas

Los versos que más hablan de mí o me identifican, descansaran aquí en este espacio que es mío y existe con el fin de consolarme.


 Alma desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella


Alfonsina Storni

...
Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.
                    Alejandro Dolina



Tú que nunca serás...

Sábado fue y capricho el beso dado,
capricho de varón, audaz y fino,
mas fue dulce el capricho masculino
a este mi corazón, lobezno alado.

No es que crea, no creo; si inclinado
sobre mis manos te sentí divino
y me embriagué, comprendo que este vino
no es para mí, mas juego y rueda el dado...

Yo soy esa mujer que vive alerta;
tú, el tremendo varón que se despierta
y es un torrente que se ensancha en río

y más se encrespa mientras corre y poda.
¡Ah, me resisto, mas me tienes toda,
tú, que nunca serás del todo mío!


Alfonsina Storni



Aymé!

Y sabías amar, y eras prudente,
y era la primavera y eras bueno,
y estaba el cielo azul, resplandeciente.

Y besabas mis manos con dulzura,
y mirabas mis ojos con tus ojos,
que mordían a veces de amargura.

Y yo pasaba como el mismo hielo...
Yo pasaba sin ver en dónde estaba
ni el cruel infierno ni el amable cielo.

Yo no sentía nada... En el vacío
vagaba con el alma condenada
a mi dolor satánico y sombrío.

Y te dejé marchar calladamente,
a ti, que amar sabías y eras bueno,
y eras dulce, magnánimo y prudente.

Toda palabra en ruego te fue poca,
pero el dolor cerraba mis oídos...
Ah, estaba el alma como dura roca.

Alfonsina Storni


Todas las noches me repito...

"El arte es la rebelión del hombre ante la malvada estupidez de los sucesos cotidianos"
        
  Alejandro Dolina

Raiz de cementerio

Va
camisa en vuelo
con la arrogancia del que anhela
atropellando sus harapos
sucio de tardes y de lunas
encendido de cegueras

va
infinito de luz
al encuentro de la noche
devorando lentejuelas
llenos los bolsillos de caballos
inflamado de arenales

va
multitudinario de aspilleras
con la espalda en cruz
desorientado
insepulto en mariposas
hacia la ronda del último suicidio
                                         Va.

Jorge Cambiasso.




Rayuela capitulo 68
Apenas él le leía el poema, a ella se le agolpaba el corazón y caían en desdicha, en salvajes silencios, en suspiros exasperantes. Cada vez que él procuraba decir las palabras, se enredaba en un trabalenguas quejumbroso y tenía que tranquilizarse de cara al encuentro, sintiendo cómo poco a poco las distancias se estrechaban, se iban reduciendo, simplificando hasta quedar tendido como un niño de mamá al que se le han dejado caer unas finuras de juguetes. Y sin embargo, era apenas el principio, porque en un momento dado ella se apartaba los cabellos, consintiendo que él aproximara suavemente su boca.

Julio Cortazar