sábado, 15 de septiembre de 2012

Él la observa, la mira con curiosidad y tal vez ansias, ella sonríe como si no existieran preocupaciones y él la ve. Trata de esconderse en la suposición de una sonrisa tímida cuando ella se planta frente a él y lo mira a los ojos, es imposible mantenerle la mirada, sus ojos son demasiado profundos.
Se abstiene de tocarla, de probar su piel de soñarla.
Ella habla, él solo escucha su voz y examina cada detalle de su comportamiento, descubrió que cuando se le acaban las palabras o los nervios la invaden toca el lado derecho de su frente y que cuando se avergüenza se toca el brazo izquierdo y sonríe escondiéndose en si misma. Siempre ha sido muy observador y detallista.
El la despide con esa camuflada indiferencia, ella se va. Él la observa hasta perderse de vista, es discreto se asegura de que nadie se percate de ese débil asombro y curiosidad que le despierta esa mujer. Mañana volverá a buscar otra excusa patética para rondar por esos lugares que ella frecuenta y tendrán un encuentro casual, tomara nota mental y se irá a casa como si nada.