Es increíble las historias que puede contar la danza sin necesidad de las palabras, solo de un cuerpo que habla por si mismo.
Una mujer entregada al amor, un hombre salvaje que no mide sus impulsos, una historia típica de pasiones que acaban en violencia, una historia donde el idealismo de amor reina sobre la realidad tan dura y cruel que nos apuñala. Ella intentando salvar aquello que cree puro y hermoso, cae en la desesperación de creer que estará sola si él no está e insiste. Es humillada, doblegada, callada por la violencia de un cuerpo sin control, la realidad aun no la alcanza. No tiene el valor para abandonar ese sueño hecho pesadilla, esta vencida y justo cuando reune la suficiente determinación para dejar todo eso atrás, vuelve a caer en los encantos macabros tan típicos y comunes en estos casos.
Otra oportunidad es consebida a la bestia, su mundo se ha vuelto cíclico e infernal pero no puede evitar amarlo y su voluntad es pisoteada por ese amor absurdo que tanto defiende y destruye de a poco cada fracción de su cuerpo.
Una y otra vez se reavivan las llamas de aquel infierno, se torna sofocante y real.
Él logra entrar en cuenta de lo que ha hecho, la busca y ruega su perdón una vez más, ella se ha ido por fin ha reaccionado, será digna y feliz en otra parte. Él castigado con su propia soledad.
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