Se ha roto el vaso
que lograba aquietar
a los fantasmas
fue vencida por el capricho
de un cigarro
y le fue indiferente
el grito que partió
de silencio la ciudad
Una sonrisa se dibujó
en la sombra de su rostro
los ojos le brillaron,
recordó ese nombre
que vagaba incansablemente
en su memoria
Se abrazó a esa existencia
a esa esperanza casi demencial
que él representaba
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