lunes, 27 de mayo de 2013

Una mujer frente a otra que se esquivan las miradas y las palabras, han traído una gran porción del infierno su mundo. Ya no pueden pronunciarse los nombres, no pueden  rozarse en un abrazo, no pueden compartir las sonrisas, cada una está sumida en su propia soledad. Dos mujeres que pudieron ser más que sangre, más que nomenclaturas universales, más que un mero reflejo del pasado, más que la distancia y el perdón. Sus heridas no sanaran nunca. Jamás se les concederá la cicatriz. Ellas así lo han querido y así será. 
Batallan sigilosamente, matándose la una a la otra sin piedad alguna, solo una puede sobrevivir "la última mujer de pié". 
- Así como el más cruel y despiadado golpe de gracia, me atravesó el pecho con la daga más filosa y hambrienta de sangre. El silencio.

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