No sé por que el río
me seduce tanto,
si él va siempre
con la misma transparencia
hablando siempre un idioma de misterios
depurando la tierra con su magia
habitual y perpetua
En él me desentiendo
de los aullidos
y me sumo a su ritual sagrado
de ir sin detenerse
de mutar, de cantar
de volar y después llover
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