A Agustín Arevalo
Su mirada y la mía
Se encontraron
Y en pecho se volcó
Una sensación despavorida
Temblé de incertidumbre
ha crecido
En la rasgadura
De mi espalda
Una pregunta
Sueño traidor
A mi cuerpo desarmado
Noche enardecida,
Versos nacientes
De mi locura profanada
Han alimentado
Una destreza inmóvil
Somnolienta, corrompida
Esa pregunta asfixiada
Por mí
Logrará salir
Serán caricias
Palabras solitarias
en mi consuelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario