Cuantas veces
he cuestionado tu existencia,
cuantas veces
te he maldecido
y cuantas más te he gozado
Cuantas veces me hundiste
en la desventura, en el olvido
en la desesperanza
cuantas noches de silencio
he dejado marchar
entre caricias
y cuantas promesas
se han perdido en un suspiro
El amanecer me punza
y el espejo se ve tan cruel
con mi imagen encerrada
en ese recuadro hostil
me muestran en el envase
que soy
El amanecer vacío
los pasillos desiertos
las sensaciones roídas
la indispensable impresión
de que todo va a cambiar
La sonrisa no puede abandonarme
"Muero extrañamente... no me mata la vida, no me mata la muerte, no me mata el amor, muero de un pensamiento mudo...como una herida" Delmira Agustini
martes, 11 de septiembre de 2012
lunes, 10 de septiembre de 2012
Se escucho una risa estruendosa por todo el bar, era una madrugada casi primaveral , los presentes la oyeron pero no dieron la menor importancia ya que dado el horario y el lugar era algo completamente normal. Los dueños al ver de quien se trataba se miraron y sonrieron.
Allá en un rincón estaban ellos con la mesa llena de botellas y vasos, hablaban muy de cerca y se miraban a los ojos. El ahogaba la risa con las manos, ella bebía.
Ella lo observó detenidamente unos instantes, él le hablaba pero por alguna razón le había llamado la atención su rostro, su piel, su boca, se abstuvo de tocarlo y trato vagamente de recuperar el hilo de la conversación, se le hacía difícil. Él descubrió en ella un particular comportamiento ante el nerviosismo y rieron juntos, la noche pasó entre risas y miradas intensas en alguna que otra tentación y algún que otro trago. Él demostró ser un gran observador, por lo que ella trataba de dominar sus impulsos para no delatarse y fumó más de un cigarrillo para anestesiar las tensiones. Jamás borro la sonrisa de su rostro.
El sol saldría en cualquier momento así que salieron, caminaron largo rato y llegaron a determinado punto nadie se atrevió a nada, solo se miraron fugazmente en unos milésimos instantes de silencio, él rió por el incontenible gesto de su acompañante ante la situación. Se despidieron lentamente.
Abandonaron la esquina con rumbos diferentes, ya se encontrarían de nuevo.
Allá en un rincón estaban ellos con la mesa llena de botellas y vasos, hablaban muy de cerca y se miraban a los ojos. El ahogaba la risa con las manos, ella bebía.
Ella lo observó detenidamente unos instantes, él le hablaba pero por alguna razón le había llamado la atención su rostro, su piel, su boca, se abstuvo de tocarlo y trato vagamente de recuperar el hilo de la conversación, se le hacía difícil. Él descubrió en ella un particular comportamiento ante el nerviosismo y rieron juntos, la noche pasó entre risas y miradas intensas en alguna que otra tentación y algún que otro trago. Él demostró ser un gran observador, por lo que ella trataba de dominar sus impulsos para no delatarse y fumó más de un cigarrillo para anestesiar las tensiones. Jamás borro la sonrisa de su rostro.
El sol saldría en cualquier momento así que salieron, caminaron largo rato y llegaron a determinado punto nadie se atrevió a nada, solo se miraron fugazmente en unos milésimos instantes de silencio, él rió por el incontenible gesto de su acompañante ante la situación. Se despidieron lentamente.
Abandonaron la esquina con rumbos diferentes, ya se encontrarían de nuevo.
domingo, 9 de septiembre de 2012
He vuelto a velar en las noches, a canalizar mis nervios con un cigarrillo, a comer mis uñas, a llorar en silencio, a convivir con un vacío que persiste.
Me tienta pensar en que hubiera pasado sí..., pero siempre he dicho que el "hubiera" no existe y a esta altura de mi vida no voy a contradecirme.
Me siento devorada por ese vacío, consumida por el desinterés de encontrar algo que me sacie, ahí es cuando tu silueta vaga por mi mente y tu nombre se escabulle en un suspiro. No tiene sentido, me lo he repetido una y otra vez, pero encuentro en tu inalcanzable figura un alivio transitorio de la realidad que me vive. Nunca serás mío, no hace falta recordarlo, pero vela en mí la certeza de que mientras existas, podré sentirme.
Duele sí, amar no siempre implica la eterna felicidad y tendré que conformarme con palpar las sensaciones que me has despertado. Si bien admito que daría lo que fuera por que hoy estés acá y que a veces me llena de pesar el hecho que no estés, estoy dentro de todo conforme.
Me haces reír tanto como me haces llorar y enojar.
Voy a recostarme, la noche ya a pasado asi que supongo que podré dormir tranquila, voy a dejar una sonrisa entre los versos de una poema consumado de olvido.
Ahí me busco a veces cuando llueve.
viernes, 7 de septiembre de 2012
lunes, 3 de septiembre de 2012
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