martes, 1 de abril de 2014

Te dejaré habitarme

                                    A V. F
Te irás y yo no te detendré
te irás sin saber
de estas palabras
Sin saber de mi voz
que interrumpe el silencio
a mitad de la tarde

Te iras y mutilaré 
cada lágrima
que quiera traicionarme
Te irás y no correré
en tu búsqueda
ni me refugiare en el pasado

Adios querida poesía
piel de versos blancos
y mirada oscura
te dejaré habitarme
la memoria 
te dejaré llover 
te dejaré vivir
en mis cuadernos
en mis silencios
en mis olvidos.

Desarraigo

Vivo sin hechar raices,
en las voces, las miradas
las palabras, las pieles

vivo en el desarraigo 
en la demencia 
en la noche que sufre

Me desplazo 
con fluir del viento
con el correr del río 
que susurra mi nombre, 
y vuelo 

Pero en el vuelo en el que vivo
no hay donde hechar raices 
no hay voces, ni miradas 
palabras o pieles  
todo se me vuela 
todo huye 

Por eso para mí
la noche
es inmortal 

La de la cruel dentellada

La de la cruel dentellada 
no quiere mordidas 
quiere susurros 
lunas que muden de piel
y lluevan poesía

La de la cruel dentellada
no quiere saber de garras
quiere caricias 
versos que se tejan en su cuerpo
y alzen la voz 

La vuelta

La casa de pronto
se sintió inmenza,
desierta y fría
como la muerte
habitada por la sombra
de una inacabable soledad

La casa de pronto 
me quedó demaciado grande
y callada como el tiempo,
como mi voz en el vacío
como los versos en la oscuridad 

La casa de pronto
se sintió ajena,
como si fuera desconocida
y ella también me vió
sin reconocerme

en ese momento supe
que la lejanía me sanaba 
que volver es imposible 
que mi regreso 
era corromper esa tranquilidad
tan desolada que era nuestra

Volver era una absurda
intrusión al pasado

Ramajes

Con las alas rotas
un pájaro se posa 
moribundo en mis ramajes
y teje ahí
su nido de muerte

yo lo envuelvo 
con mis brazos
de arbol seco
y el murmullo del río
me acaricia los pies 
firmes en la tierra 

En su gémido último
mi tiempo se detiene
el río calla
la tierra se agrieta
en el silencio 
y mis ramas partidas caen 
como lágrimas 

la noche llega con su bote
y llama al ausente para llevarlo
al otro lado de la costa. 

Amanecida

El amargo amanecer 
del café en mis labios
el golpe sordo de la lluvia 
en mi cuerpo

El bullicio natural 
del agua que se desnuda
y revuelve los pensamientos 

Duermo en mis palabras.

lunes, 27 de mayo de 2013

Una mujer frente a otra que se esquivan las miradas y las palabras, han traído una gran porción del infierno su mundo. Ya no pueden pronunciarse los nombres, no pueden  rozarse en un abrazo, no pueden compartir las sonrisas, cada una está sumida en su propia soledad. Dos mujeres que pudieron ser más que sangre, más que nomenclaturas universales, más que un mero reflejo del pasado, más que la distancia y el perdón. Sus heridas no sanaran nunca. Jamás se les concederá la cicatriz. Ellas así lo han querido y así será. 
Batallan sigilosamente, matándose la una a la otra sin piedad alguna, solo una puede sobrevivir "la última mujer de pié". 
- Así como el más cruel y despiadado golpe de gracia, me atravesó el pecho con la daga más filosa y hambrienta de sangre. El silencio.