La tarde me cayó encima,
pesada silenciosa quieta.
Todo se deshacía en esa quietud
todo era peso inaguantable
lunas partidas al pie de la ventana
Me mordió las manos
donde moraba el poema
y él también se deshizo
y tu cuerpo fue también
tarde pesada, silenciosa y quieta
y tus palabras fueron también
peso inaguantable
y lunas partidas al pie de la ventana
La tarde muda y casi ciega
agrieta los silencios en tu boca
me trae un callado despertar de pájaros
astillas de agua
nubes solitarias
ausencia en la piel.
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